J Dilla, el cambio necesario- (Dilla Month)

Llevo unos 10 años haciéndome mis propios beats, bien bajo un pseudónimo, bien dando la cara. Pocas veces he tocado un Akai MPC. Trabajo combinando lo analógico con lo digital (mi instrumento de trabajo es la Maschine MKII Mikro). Pero he estado lo suficientemente cerca y he trasteado bastante ese Centro de producción Musical para darme cuenta de lo adictivo que puede llegar a ser, de las posibilidades que ofrece, de lo atractivo que es coger música antigua, recortarla y retorcerla hasta crear algo nuevo. Sin la comodidad de lo digital acechando. Todo artesanal. Currándotelo.

Hay varios Beatmakers que tienen la culpa de que AKAI haya hecho (y siga haciendo) su agosto con el cacharro en cuestión. Dj Premier, Madlib, Dr. Dre, Pete Rock, Large Pro, Q-Tip, el Kanye West de antes de la modernidad y la locura… son productores consagrados, con un sonido propio e inconfundible gracias al MPC. Pero sobre todo, y por encima de todos, está el hombre que cambió el juego. Que cambió nuestras vidas, como reza esa famosa camiseta que todo amante del rap, y sobre todo de los beats, quiere tener y vestir: “J Dilla Changed My Life”.

J Dilla PhatDiggaz 4

Hablo de James Dewitt Yancey a.k.a. Jay Dee a.k.a. J Dilla (adoptó este último nombre para distinguirse de Jermaine Dupri). El maestro de maestros, el que nos enseñó cómo se puede coger un tema de soul, de jazz, de funk, rock progresivo, samba, bossa nova, gospel… y crear algo distinto. Distinto y brillante.

Nacido un 7 de febrero de 1974 en Detroit, Michigan, y fallecido un 10 de febrero de 2006 en Los Angeles, California, debido a una combinación de enfermedades raras (lupus y púrpura trombocitopénica trombótica, ahí es nada), dejó un legado inabarcable de música inédita, superando incluso al explotadísimo 2Pac. A día de hoy, y bajo la atenta mirada de Ma Dukes (su querida madre y culpable en parte de su adicción a la música… y de su humildad), se siguen editando discos instrumentales con todos aquellos retazos y recortes que Yancey dejó sin acabar (o acabados, nunca sabremos qué pasaba de verdad por la mente de Dilla). Criarse en un ambiente musical (su padre era saxofonista de jazz y su madre era cantante de ópera) fue el caldo de cultivo para que el pequeño James ya reprodujera su vinilos de 45” en un tocadiscos de juguete Fisher-Price desde los 3 años.

Si se me permite, para este artículo con motivo de lo que se ha dado en llamar el Dilla Month, no voy a hablar de su discografía (necesitaría un monográfico de varios años), si no de lo que J Dilla significó, y a día de hoy, sigue significando para mí, y, sin querer erigirme en portavoz de nadie, para mucha gente.

La primera vez que escuché algo de Dilla fue con The Ummah, el combo de productores que formó con Q-Tip y Ali Shaheed Muhammad para poner banda sonora al grupo A Tribe Called Quest. Seguramente sea gracias a Dilla que ATCQ es uno de mis grupos fetiche. Esa aura de secretismo en los créditos, donde no pone que fue Dilla el que produjo prácticamente en solitario el álbum, me encanta y dice mucho del amor por la música del artista.

Más tarde escuché a su grupo, Slum Village. Quedé impactado. El Groove de los beats de Jay en “Fantastic, Vol. 1” y “Fantastic, Vol. 2” era inigualable. Buscaba y no encontraba… hasta que descubrí a Madlib. Capté el símil con el de Oxnard a la primera, supe de su amistad a distancia y sus puntos en común, y mi alegría fue inmensa al escuchar “Champion Sound”, el disco conjunto de este par de pájaros. De hecho, tras la muerte de Dilla, Madlib comenzó, supongo que a modo de homenaje, a publicar trabajos con beats cortos e intensos, al más puro estilo de su fallecido amigo.

Algunos de sus momentos de brillo absoluto (siempre bajo mi punto de vista), se dejaron ver cuando el oriundo de Chicago Common (amigo íntimo de Jay Dee, compañero de piso cuando ambos vivieron en Los Ángeles, confesor, cuasi hermano…)  ponía su voz sobre algún beat suyo (“So Far To Go”, “The Light”, “Love Is…”, “Funky For You”…). O cuando publicó “Yancey Boys” junto al hermanísimo Illa J (otro crack, “Sounds Like Love” es para mí uno de esos temas perfectos). Su hermano ha sido uno de los grandes “beneficiados” del genio de Jay Dee, sin desmerecer su talento. Un gran Mc + un gran Beatmaker… poco más se puede añadir.

Aunque quizá su momentazo fue “Welcome 2 Detroit”, su álbum debut con el sello británico BBE. Una brillantísima revisión de “Think Twice” del genio Donald Byrd, o un puente entre la música electrónica y el hip hop llamada “B.B.E. (Big Booty Express)”, dotan a este trabajo de un aura de clásico y leyenda como pocos discos tienen. Además, Dilla demostró que un disco de instrumentales de rap se podía sostener por sí solo, sin necesidad de ser un compendio de colchones para Mc’s huérfanos de beats para sus directos. He de decir que poseo este álbum en cd, con una edición en cartón que es una preciosidad, y su versión instrumental en vinilo (sí, soy un poco freak).

Luego llegaron las marcianadas y mi enamoramiento total por la música de este genio. Sus innumerables beat tapes, sus discos póstumos (especial mención para “Donuts”, disco que rueda en mi plato mientras escribo este artículo, que terminó en el hospital, y que salió el día de su cumpleaños, tres días antes de su fallecimiento, y para “The Shining”, el cual también poseo en su versión instrumental), sus remixes (alguno de D’Angelo me ha puesto los pelos de punta), descubrir de repente (y no perdonarme el no haberlo hecho antes) el bootleg “48 Hours” de Frank’N’Dank, producido íntegramente por el genio de Detroit…

J-Dilla- phatdiggaz 2018

En los últimos tiempos hemos podido disfrutar de “Dillatronic” (2015), “The Diary” (2016), que era el disco que iba a publicar como Mc en 2002 con el título original  “Pay Jay”, y que al fin vio la luz 10 años después de su muerte, con producciones tanto suyas como de (OJO!!) Madlib, Pete Rock, Nottz, Hi-Tek y Karriem Riggins, y de “Motor City” (2017), un compendio de beats absolutamente brillantes, recopilado y arreglado por su gran amigo J Rocc con la ayuda de (ojito), Ma Dukes

Hay una facción de admiradores de Dilla que opina que se ha sobreexplotado su imagen con merchandising, discos póstumos… pero otros, muchos, no queremos que deje de salir a la luz todo ese trabajo que quedó oculto en diskettes o grabado pero nunca publicado. Quizá con algo más de control, cierto, pero a mí me sigue sorprendiendo y agradando encontrar mixtapes de beatmakers rendidos al germen Dilla. En Detroit, creo que ya de forma involuntaria, los productores lo hacen “a lo Jay Dee”. Su estilo, su amor, su locura, flotan en el aire, como el humo de las fábricas.

Rest In Beats, maestro.

J Dilla trajo un cambio, necesario en mi opinión, para el rap y para la música en general. Nunca un beatmaker tuvo tanto impacto. Cierto es que su muerte tuvo mucho que ver, porque hubo absolutas barbaridades creadas por este artista que no fueron reconocidas hasta que falleció (si revisáis su discografía sabréis de qué hablo), pero no hay duda de que el hip hop nunca volvió a ser lo mismo el primer día en que James Dewitt Yancey encendió por primera vez su MPC 3000 y su sintetizador Mini Moog Voyager (los cuales, por cierto, fueron donados por Ma Dukes al Museo Smithsonian de Washington, donde se pueden ver expuestos).

Creo que casi nadie que admire a Dilla dice “Rest In Peace” cuando lo recuerda. Los que lo idolatramos decimos: Rest In Beats, maestro.

J Dilla sigue aquí. Después de tantos años, se cumple la premisa de que, si tu obra perdura, eres inmortal.

Javier Sabe

En sus vídeos nos destripará cada disco que le haya tocado dentro, tanto de hip hop como de sus aledaños.
Cada vez que lo oigas tendrás ganas de devorar todas y cada una de sus recomendaciones.

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